Palabras acumuladas

martes, mayo 16, 2006

Groucho

Estaba oscuro. Me levanté tanteando alrededor. Nunca me había sentido así. Dos o tres pasos más tarde me tuve que recostar en el piso. Con el cuerpo semidesnudo sentí la madera, algo fría. Mi respiración se fue rallentando. Sin esfuerzo alguno y totalmente relajado, exhalé por última vez y morí en tranquilidad.

Es un sueño mío de hace aproximadamente tres meses.
Hoy, a las 6 de la mañana, Groucho ladraba casi como gritando. Las dos últimas noches había ladrado esporádicamente, pero nunca así. Me levanté. Estaba tendido en los colchoncitos que tenía cerca de la puerta de mi habitación. Había vomitado y no lograba levantarse. Lo limpié lo mejor que pude y lo acomodé para que estuviera recostado con más naturalidad. Estaba muy agitado y débil. Hacía dos días que venía vomitando y no comía, y con mi mamá le habíamos pasado, a la fuerza porque siempre fue un perro terco, dos sueros, para rehidratarlo. Me quedé a su lado acariciándolo. Pensé por un largo rato que ya estaba ido y que en cualquier momento moría. Me asustó pensar en verlo morir. Sin embargo hizo un esfuerzo titánico y se incorporó como pudo con las patitas delanteras. Sentado, por un momento, me miró. Todavía estaba acá. Yo sabía que lo que quería era alejarse, ir al jardín. Estos últimos días, rengueando, había ido más de una vez afuera, había recorrido el extenso jardín, para él muy extenso a esta altura, hasta llegar al último rincón, bien en el fondo. Como si hubiera querido marcharse. Intenté ponerlo de pie y ayudarlo a caminar para que él estuviera donde quería estar, pero fue en vano. Volvió a recostarse, todavía agitado, y yo me quedé ahí, acariciándolo, a veces diciendo algo. Lentamente la respiración se fue haciendo menos intensa. Creí que se estaba relajando y que quizás lograría dormir, pero cuando las exhalaciones se hicieron realmente débiles no pude negar más que estaba muriendo. A las 6 de la mañana de hoy, 16 de Mayo de 2006, después de quince años, Groucho se apagó. Fue ahí que recordé mi sueño. Con un problema hormonal que cargaba de siempre, un soplo en el corazón, con varios tumores recientes y casi ciego, Groucho vivió dos años más que la expectativa de la raza Beagle. Vivió porque quiso, porque vivía bien. No era un perro "normal". Sé que todos piensan parecido de sus animales, toda la cuestión esa "de lo único que le falta es hablar". No me refiero a eso. Me refiero, por ejemplo, a que si dejabas la puerta del jardín (o la de adelante) abierta, Groucho se sentaba mirando hacia afuera; con una tranquilidad casi alegre, a veces entrecerrando los ojitos si corría algo de viento, observaba la vida. Era muy impresionante ver la actitud de él sentadito. El gesto apasible. Era muy agradable.
Yo, previendo el final, había deseado no estar presente cuando muriera, y había decidido que no lo iba a enterrar, suponiendo demasiado dolor al hacerlo. Ninguna de las dos cosas se dieron. Lo acompañé cuando se fue y me alegro de haber estado. Me negué en un principio, pero después noté que en realidad Groucho ya se había ido, tomé coraje, y lo enterré. Mientras lo hacía noté que el esfuerzo físico (innumerables raíces y piedras había en el camino) mitiga los dolores emocionales. Tapado con una sabanita lo puse en la pequeña fosa, y cerrando los ojos eché la tierra. Su cuerpo descansa en mi casa, al lado de un arbolito de hojas moradas y frente a un horno de barro cubierto por una enredadera espesa, de un verde intenso. Es un lindo lugar.
Ahora ya es parte de mis recuerdos... Me gustaría mantenerlos frescos, desde cuando compartíamos la cama y me mordía los pies para ganar espacio, pasando por los días en que si estábamos en la mesa él se sentaba en una silla con nosotros, hasta ahora, que nos veíamos obligados a tener el tacho de basura sobre una silla, para que no robara comida, y que pedía ladrando que lo ayudáramos a subir la escalera de adelante, porque la bajaba para irse hasta la reja, a oler la calle; porque hasta último momento hizo todo lo que le gustaba hacer. Lamentablemente, estos recuerdos se van a ir nublando de a poquito, al punto que un día no voy a saber bien qué fue real. Pero hay algo que con palabras no quiero expresar, algo que me dejó, que siempre va a estar intacto. Y es lo más lindo.
Bueno, Grouchito, te extraño y te voy a extrañar mucho. Ya se siente vacía la casa sin el ruido de tus uñitas al caminar y sin los ronquidos. Espero que donde estés tengas una puerta abierta para admirar algo lindo. Apasible y feliz.
Te quiero siempre. San


Posted by San :: 3:58 p. m. :: 1 Comments:

Post / Read Comments

---------------oOo---------------